jueves, 25 de julio de 2013

Mi opinión del discurso de Raúl Castro.

Estimado amigo:

Hace días que estaba por escribirte para responderte a tu pregunta, más bien diría a tu insistente solicitud porque expresara una opinión en mi página, www.cienfuegoshoy.com – te aclaro que no es MI página, en ella colaboramos unas cuantas personas – con respecto al discurso de Raúl.

Te soy sincero: no pude leer el discurso completo. Te explico porqué.

Tuve la sensación, a medida que me fui adentrando en el mismo, que estaba, como reza el argot popular, leyendo un periódico viejo. De un modo o de otro, ya estas cosas se han enunciado vox populis, en cuanta esquina de barrio, asamblea de rendición, despacho con delegado, reunión sindical,... y nadie, absolutamente nadie le habia prestado tanta atención. Incluso, me atrevo a arriesgar mi mano en una picota: intervenciones “populares” de este tipo fueron interrumpidas desde alguna mesa de alguna presidencia por ser irreverentes, pecaminosas o fuera de contexto e incendiarias, en algún momento no tan posterior a la edad antigua. Lo que sucede, o ha sucedido, es que por norma, este tipo de planteamientos para que cale, o se publique, tiene que venir de arriba. Si viene de abajo o de un costao´es bola, matraquilla o cualquier cosa, pero no sale a la luz pública. Raúl ahora expresa que hay problemas con la alimentación, años después del grito de JAMAAA del borracho Pánfilo.

Amigo: Te pido perdón si apenas pude leer un par de párrafos del discurso de marras. Como le expresé a cierta persona allegada a mí intelectualmente: “me parece que una vez más le han echado la culpa al sofá” y yo, sinceramente, no puedo lidiar con las culpas a medias.

Cuba – considero – no podía escapar de la crisis económica perturbadora de los 90’ sin ver perjudicada su espiritualidad. No hay ejemplo en la historia – me parece – en que una crisis económica fuerte no haya traído una crisis, fuerte también, en los valores humanos. Supongo que hasta el más honrado, si siente su estómago vacío y tiene que robar para comer y seguir viviendo, lo haga. No hay, me parece, nada inhumano en poseer ese sentimiento o instinto de conservación. Lo demás es utopía o palabras… o un caso muy raro de deseo de autoflagelación.

Lo peor de allá, es mi opinión, ha sido la verticalidad del criterio, su uniformidad falsa y dentro de ellos, los monstruos que se engendraron. La temeridad a la disidencia y a la crítica si esta venía desde otro lugar que no fuera del que estaba autorizado a venir. Lo peor de allá, ha sido, y aún es, el paternalismo y la marginalidad de cierta parte de, que actua a espaldas de, diciendo que actuan por. En lo personal, me parece, ese criterio de gobierno del pueblo y para el pueblo, es un cliché gastado, porque – y es la verdad – hace un buen rato que al pueblo no se le escucha, en parte porque no tiene las herramientas ni las tribunas para ser escuchado. Te pongo un ejemplo concreto y sin lirismo en mi prosa: El pueblo, en masa, se ha expresado en cubadebate.cu, trabajadores.cu y juventudrebelde.cu, contra la ineficiente actuación e infausto proceder de ciertos dirigentes deportivos y sin embargo, los mismos aún están ahí en sus puestos. Por eso, creo, y repito, que al pueblo no se le escucha. La prensa, por su parte ha equivocado sus funciones, excepto unos cuantos periodistas valientes a los cuales se les acusa - desde fuera generalmente - de jugar con la cadena, pero no con el mono.

No escuché (lei) a Raúl criticar o criticarse por ciertos procederes asociados a la famosa política de cuadros, algo que no inventamos ni tú ni yo, ni siquiera nuestros padres, pero que hemos tenido que soportar y al parecer, como no se dijo nada de ello, seguiremos soportando. Te hablo de esa pólitica que trona y ampara, que sanciona y premia. La misma que prefiere militancia y compromiso antes que valores, inteligencia o conocimientos sobrados. 

No he sido el único que se ha visto en el dilema de morderse la lengua para no perder la cabeza. Si algo cabrón tiene la verticalidad es que entre los seres verticales se ha desarrollado una especie de respaldo paternal y ladino, como si todos, al parecer, fueran miembros de una secta secreta o cofradía del underground pecaminoso. Suponiendo que una queja tuya en tu centro de trabajo tuviera todas las de la ley para ser válida y contaras con el apoyo de tu jefe inmediato, y el apoyo del jefe de tu jefe, si tu reclamo molesta en el más allá, no dudes que del más allá vendrá una sentencia contra el jefe de tu jefe, quien para limpiar su nombre, acudirá a sancionar a tu jefe y este para sentirse útil y en onda, te sancionará a ti. Tu queja, quedará recogida en la mente de quienes diez años después dirán: “coño te acuerdas cuando fulano dijo…”
 
Así ha sucedido contra el que defendía la música de los Beatles, o al del pelo largo, o al hippie, o al negro o al maricón. Supongo que ahora, allá, todo el que exprese su desacuerdo con Chávez, de aquí a diez o veinte años, si se jode "la cosa", sea juzgado de precursor, de visionario. La historia tiene esos vericuetos: siempre se adecua o la adecuan al actuar y el pensamiento de las masas de turno. Batista, antes, era un hijo de puta y un asesino. Ahora, dicen que no, que la gente se suicidaba y se arrojaban ellas mismas, después de muertas a las zanjas.

Volviendo al tema que nos atañe. 

 Lo triste del discurso fue su aceptación unánime. Al otro día, en la calle, todos los que entrevistaron para la ocasión, estaban de acuerdo, UNA VEZ MAS, con las palabras de Raúl. De acuerdo de la pi al pe. Nadie  dijo que “tal vez” o “me parece que” o “no estoy de acuerdo con que” . El criterio de apoyo fue total. Esplendorosamente uniforme y estoy seguro que hasta tu propio presidente sepa que no fue así. Espero que tú estés convencido de ello también.

Yo, desde esta orilla no puedo hablarte de cambios. En la concreta, y para no mentirte, me parece que la Cuba de hoy tiene mucha semejanzas con la Cuba de hace 100 años, como si la historia hubiese dado una caprichosa vuelta. Intelectuales muchos, ideas mil, pero herramientas, recursos para hacer algo o cambiar algo – no decirlo, hacerlo radicalmente - muy pocos. No voy a decirte nombres. Ni siquiera estoy en contra o a favor completamente de alguno. Hace un tiempo me bajé de esa carreta porque lamentablemente dejé de confiar como antes lo hacía en el ser humano, aún cuando crea en lo bueno de algunos de ellos, o de que entre los que allá están, uno tenga los méritos suficientes como para que yo le tienda mi mano, pero ya estoy (soy) indeciso. Soy como ese hueso que muerden una y otra vez y ya se cansa de ser mordido.

Te pudiera hablar de las leyes super persuasivas, de los pañitos tibios, del famoso cuento del Hombre Nuevo, o de la famosa creencia, ciento por ciento eficaz, que hablando con el hombre éste se regenera, pero seria ahondar en lo mismo que ahondó tu presidente. Ya esos, son los gajos de una mata que alguién sembró un día y que hoy se hace imposible podar con un simple machete.

Supongo que puedas argumentar a tu favor la famosa persecución y el cerco. A “eso” le han achacado todas las culpas.Conozco su existencia. Prefiero me digas algo que no se.

Prefiero que me hables de una dinamia enriquecedora, prefiero que me hables de cambios estructurales profundos reales, concretos, nacidos de un debate o un enfrentamiento entre seres pensantes y no seres obedientes a rajatabla. Háblame de amor y esperanza y no de alabanzas y canticos escritos en un papel o pronunciados en un discurso. Si me vas a hablar de la rosa que has sembrado,o del jardín que sembrarás, prefiero que me digas que también cambiarás el criterio para contratar los jardineros, si no, te continuarás pinchando las manos y tus pies con las espinas. Viendo cardos en tus sueños y obstáculos en el camino que necesitas recorrer.

Roberto A. Lamelo
julio 24, 2013

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